sábado, 18 de enero de 2020

Deconstruyendo a Súperman.


Deconstruyendo a Súperman.
Edgard J. González.
Sábado 18 de enero, 2020.

Aclaro que el personaje de Tarzán es más antiguo, fue creado por Edgar Rice Burroughs en 1912, pero sólo presenta un elemento de suficiente importancia que merezca ser revisado en términos de desensamblarlo para señalar las contradicciones y falacias que lo diagnostiquen ante sus seguidores y detractores; El obvio racismo que deriva de que en la porción de África donde más predomina la etnia negra, precisamente sea blanco el niño que se extravía y es criado por los simios, para llegar a ser “el Rey de la selva”. Las probabilidades de que un niño negro se extraviara y fuese adoptado por los primates eran mucho mayores, pero la cuña en favor de la superioridad blanca y anglosajona no debía desaprovecharse. De resto, trasladarse largas distancias usando lianas, abundantes en ese medio, y su capacidad de hacerse entender y obedecer por algunas especies animales, no exigen fuerzas sobrenaturales ni extraterrestres, que pudiéramos cuestionar. En estricta correspondencia con el soterrado racismo que subyace a lo largo de toda la trama, Tarzán no buscó pareja entre sus hermanas de crianza, alguna corpulenta gorila, o una hiperactiva y coqueta chimpancé, como tampoco a lo largo de sus múltiples aventuras para combatir la injusticia en y alrededor de sus predios, se sintió atraído por alguna jovencita de buen cuerpo y agraciado rostro, pero con los rasgos negroides de todas las tribus que poblaban esa porción del continente africano. Tarzán se mantuvo absolutamente virgen de cuerpo y alma, hasta que apareció la hembra humana con la imprescindible piel nívea que su ADN literario le reclamaba.  

Súperman fue creado en 1933, por el escritor Jerry Siegel y el ilustrador Joe Shuster, y la trama esencial nos presenta a un niño de pocos meses de edad, cuyos padres -dos científicos en un planeta llamado Kriptón, amenazado de total destrucción- lo envían desde algún sistema estelar similar al nuestro -no indican si en nuestra Galaxiala Vía Láctea, ni dan detalles del tipo de tecnología que utilizaron- en una nave que aterrizó sin contratiempos en la granja de una pareja de estadounidenses, los Kent, que se hicieron cargo de su crianza, lo más responsable y afectuosamente posible, hasta que ya crecidito (en las primeras historietas era adulto, décadas después, por razones de márketing, asumió su condición de súper héroe más temprano, púber o adolescente), siendo en la mayor parte de su ficcional existencia el periodista Clark Kent, que viste traje formal, usa sombrero y lentes, pero bajo esa ropa siempre lleva su uniforme azul, rojo y amarillo, con capa, y apenas necesita de una cercana cabina telefónica para cambiar en segundos su apariencia y disponerse a enfrentar el mal en cualquiera de las variantes con que ataque en la ciudad de Metrópolis, que disfruta gratuitamente de los valiosos servicios de protección de este colosal personaje. Súperman vuela a gran velocidad, tiene súper vista y súper oído, y además puede lanzar destructivos rayos que emanan de sus ojos. Es casi todopoderoso, salvo cuando es expuesto a la kriptonita, un mineral que obviamente proviene de su nativo planeta, cuyas emanaciones lo debilitan y anulan sus súper poderes. Pero de alguna manera él ha logrado superar sus encuentros con la kriptonita, y perseverado en sus portentosos esfuerzos para que prevalezcan la justicia y el bien, lo que incluye frenar balas de todo calibre, sostener y reposicionar vehículos automotores, trenes, aviones y barcos con trayectoria de alto riesgo, así como rescatar personas o mascotas en peligro.

La Ciencia ha establecido que existen en el Universo infinito, 500.000 planetas con condiciones similares a las que permitieron la Vida en la Tierra, en especial la distancia a la estrella en torno a la cual orbitan, pero las probabilidades de que se produzca una especie totalmente igual a la del Homo Sapiens (en  fisonomía, tamaño, desarrollo cerebral, etc) son muy bajas, a pesar de lo cual Clark Kent no presentó ningúna rareza en su apariencia visible como humano. Para viajar a la Luna, con la tecnología que dominamos desde los años 60, se requieren 13 horas a 28.000 kph, a Marte nos tomaría 6 meses. La estrella más cercana al Sistema Solar es Próxima Centauri a 4 años luz (de distancia, viajando a 300.000 kmts por segundo, velocidad de la luz, que difícilmente habrán logrado en Kriptón, por muy avanzados que hayan sido), pero aceptando que lo lograsen, esa criatura tuvo que viajar durante un mínimo de cuatro años, y su pañal habría necesitado que doña Kent le dedicara una semana de esfuerzos lavatorios y 100 kgs de jabón ACE del más concentrado, sin mencionar la elasticidad del pañal, ó el tamaño y las formidables fortalezas alimenticias del tetero con el cual se mantuvo durante esa larga travesía.

Por muy prevenidos que fuesen sus padres biológicos kriptonianos, dada la grave emergencia que enfrentaban, no es lógico que se ocuparan de incluir en la nave el uniforme tricolor que caracteriza al personaje en su súper épica, de modo que deduciremos que debió ser elaborado por la abnegada señora Kent, con las telas de los pañales, las sábanitas y cobijitas que acompañaban al bebé, que necesariamente eran de los tres colores del uniforme supermánico. Pero lo que resulta inexplicable es que una tela que no sufre daño alguno al contacto con el fuego, impactos con proyectiles, choque con misiles, pueda haber sido cortada y cosida para confeccionar esa malla ajustada al cuerpo de Súperman, por muy Singer que fuesen la tijera y la máquina de coser. Que los calzoncillos fuesen rojos y los usara por fuera, pudiera provenir de alguna nota paterna sobre esa específica tradición cultural que él querría que su querubín mantuviera, como significativo vínculo con su hogar planetario destruido. Deduzco que hay un mini-reactor nuclear dentro del cuerpo de Clark, que le permite cumplir los requisitos que la Física exige para que pueda volar todo objeto que no sea un ave, aquello de la acción y reacción, lo que hélices y turbinas realizan, probablemente ocurra mediante la constante absorción de grandes volúmenes de aire por la boca, procesado internamente en el organismo para comprimirlo y expulsarlo como potente chorro por el orificio anal, con discretos movimientos de brazos y pies haciendo de timón.

Dos misterios quedan sin resolver; 1. ¿Cómo obtienen los enemigos de Súperman la kriptonita? ¿Cómo distinguen trozos del occiso planeta que deben formar parte de los millones de trozos de otros astros, en la miríada de asteroides que recorre el espacio “cercano”? y 2. ¿Qué particular dolencia afecta a los habitantes de Metrópolis, suerte de epidemia colectiva, que no les permite reconocer a Clark Kent sin los lentes, aunque el rostro de Súperman debiera indicarles que se trata, al menos, del perfecto socías?. Ni siquiera Luisa Lane, compañera de trabajo de Clark, noviecita de Súperman, se da cuenta de que son una misma y única persona. ¿Será una ilusión óptica derivada de la combinación de colores del uniforme con el interior por fuera, o que todos son descendientes del tonto de la remota caverna?.




Y ya que estamos deconstruyendo, hagamos referencia a otros personajes de ficción, que comenzaron como grupo y desembocaron en protagonistas únicos, a quienes atribuyen tan extraordinarios poderes,  que Súperman en comparación luce como un torpe y aburrido juguete. Se trata de los dioses, que en la muy remota antigüedad cuando fueron inicialmente inventados, por algunos lejanos ancestros nuestros, se repartían las colosales tareas a su cargo, en una especie de división originaria del trabajo, que, por ejemplo, asignaba a uno de ellos la muy exigente y constante labor de sostener a la Tierra plana, a otro la elaboración de los rayos y los truenos, un tercero se encargaba de hacer llover, otro de que hubiera viento. Claro que de sus designios dependía que esos elementos se excedieran o escasearan y ocurrieran catástrofes, inundaciones, sequías, aludes, así como malos resultados en cacerías, batallas, cosechas, y lo que siempre ha generado el mayor de los temores en los seres pensantes, la muerte -individual o en masa- por cataclismos, enfermedades o epidemias, de origen y mecánicas de funcionamiento totalmente desconocidos durante miles de años por nuestros antecesores, a lo que se suma la incomprensión por la -para ellos inaceptable y absurda- interrupción de la vida, lo que inevitablemente conduce a la invención del más allá, para transformar la muerte en simple y complaciente transición, que de haber tenido buena conducta en el más acá, daría acceso al cielo, fuego y tortura eternas para castigar a los indisciplinados, el pavoroso infierno. Simple explicación para cada fenómeno natural, premio de consolación ante la muerte y manual de conducta, tres en uno en cada religión (la islámica ofrece 72 vírgenes para quienes mueren asesinando infieles, devotos de otros dioses ó ateos, oferta tentadora e insuperable).

Adonis, Afrodita, Amon-Ra, Apolo, Anubis, Ares, Artemisa, Atenea, Diana, Dionisio, Eolo, Eros, Isis, Hades-Plutón, Hércules, Hera-Juno, Hermes, Jano, Neptuno, Marte, Mercurio, Osiris, Saturno, Selene-Titán, Venus, Zeus/Júpiter, son un tercio del amplio conjunto de dioses de la era greco-romana llamada ahora del paganismo, cuyas diferencias esenciales eran su carácter politeísta y que no trascendían al total de los fenómenos que conformaban la dinámica terrestre, de dimensiones más reducidas para cada conglomerado social, cuyo conocimiento de la realidad apenas se iniciaba. Pero con la expansión de los descubrimientos que las élites pre-científicas y científicas realizaban, con más precisas observaciones de los astros alrededor de la Tierra, y la creciente convicción de que el ”Mundo” era mucho más grande e inagotable que lo supuesto previamente, simultáneamente se dificulta mantener el politeísmo, mientras era inevitable atribuirle al dios único del monoteísmo el mérito de la “creación“ de ese todo multifuncional que todavía nos mantenía como el planeta en torno al cual giran el Sol, la Luna, las estrellas, los asteroides y cometas, “visibles desde nuestra planitud”. Las primeras cosmovisiones desembocaron en religiones, pero tanto las politeístas como las monoteístas en sus inicios, ignoraban lo que las Ciencias luego demostrarían; Que el Universo supera con creces las pequeñas magnitudes del sistema planetario del que somos parte y de la galaxia en la que este sistema solar es una mínima porción, asignando al Universo dimensión infinita y creciente (en expansión), así como una edad de 13.800 millones de años desde el gran estruendo (Big Bang).

En la narrativa que sostiene a todas las religiones, las de multidioses y las de unidioses, lo temporal no se aleja mucho del tiempo real en que fueron formuladas. Sin los resultados de la Geología, Astronomía, Arqueología, Antropología, Botánica y Zoología, es imposible para un homo sapiens de hace pocos miles de años, concebir  un “mundo” con decenas de miles de años de edad, mucho menos con millones o miles de millones de años de existencia y evolución. Por ello, los judíos establecen el origen del mundo, su “creación”, en un momento cercano [cada 9 de septiembre se celebra el Rosh Hashaná, el año nuevo judío, para  los hebreos  estamos en el año 5780], y los cristianos en la biblia señalan que la creación ocurrió el 23 de octubre del 4004 AC, de manera que el Universo tendría 6.023 años de existencia hoy. No son conchas de ajo las diferencias, tan sólo el proceso evolutivo del que emana la Humanidad ocupa 7 millones de años, y la edad de la Tierra es de 4.500 millones de años, con los primeros 500 millones de años consumidos por el enfriamiento y rigidización del magma superficial, para conformar una corteza irregular que tiene entre 5 y 70 kmts de espesor (que descansa sobre placas tectónicas flotantes), y en sus grandes concavidades ocupadas por agua se produjo la combinación de elementos de la que surgen las primeras formas de vida -microscópica y absolutamente simple- para gradualmente dar origen a vegetales y animales con mayores tamaños, y estructuras cada vez más elaboradas, hasta producir amibas, bacterias, algas, corales, medusas, moluscos, mariscos, esponjas, peces, quelonios, batracios, líquenes, hongos, insectos, aves, reptiles, marsupiales, mamíferos, con algunas especies extinguiéndose (dinosaurios hace 65 millones de años) y otras apareciendo “recientemente”(nosotros).

El lenguaje humano pudo aparecer hace más de 50.000 años. Hace unos 7.000 años, los humanos dejaron las primeras muestras de su dominio del lenguaje cuando comenzaron a escribir. Átkinson observó que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de África. Algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras el hawaiano, hablado en unas islas que se encuentran entre los últimos lugares colonizados por la humanidad, tiene 13. El análisis de cráneos fósiles de hace  400.000 años, pertenecientes al Homo erectus, muestra que aquellos humanos ya habían desarrollado las áreas cerebrales de Brocca y Wernicke, relacionadas con el lenguaje, y que su anatomía ya reunía los requisitos para articular sonidos. La datación resultante es incompatible con las versiones de las religiones, que se enmarcan en tiempos muy recientes y omiten los procesos evolutivos.

Resumiendo, el politeísmo funcionaba como una clínica con un médico para cada especialidad, pero sin propietario ni gerente, y sin detallar sobre el inicio de ese todo al que controlaban por partes. Los mecanismos de funcionamiento real de los fenómenos que causaban temor y perjuicios a los homo sapiens se fueron desvelando -gracias a los curiosos que dedicaron tiempo y esfuerzo a observar y profundizar en cada expresión de la Naturaleza, cada vez con más método hasta conformar Ciencias-, los múltiples dioses perdieron sus empleos. El conocimiento, prosaico pero irreductible, del proceso de la evaporación del agua líquida, la formación de nubes -cirros, estratos, cúmulos, nimbos- por su gradual acumulación a variable altitud, la obligatoria descarga al alcanzar el punto de saturación, en gotas, granizo o copos de nieve -dependiendo de la temperatura-, en casos de intensa tormenta acompañada de rayos -electricidad que va a tierra- y truenos -su efecto sonoro-, le asignan a los dioses encargados por la religión de producir lluvia, rayos y truenos, la falsedad de un billete de 13 dólares, y lo mismo pasa con las otras deidades, al contrastar la versión mágico religiosa con los resultados científicos. Conocer los procesos evolutivos que explican el origen y las graduales transformaciones de la estructura de la Tierra, la diversa geología de su corteza, y la poderosa acción de las dinámicas atmosférica y tectónica, así como las graduales apariciones de los millones de especies vegetales y animales que conforman la Flora y Fauna actuales, a su vez derivadas de estadios anteriores, dejan como pésima improvisación a las narrativas que afirman que hubo creación divina, en seis días, con diseño inteligente de un ser anterior al tiempo, al espacio y a la materia, que incluyó las enfermedades  sigue controlando esa complicada fenomenología, y decide el destino de los hombres que él hizo de barro, y las mujeres, manufacturadas con costilla masculina, exigiendo que le veneren de manera incondicional y masoquista (sin que jamás se haya demostrado su existencia).

Respecto al cristianismo, es una religión ensamblada a posteriori, en torno a un personaje real, con protagonismo que le ganó popularidad por expresar valientemente las disidencias de muchos de los judíos en aquella tierra bajo el control militar del imperio romano. Jesús fue, simultáneamente, un crítico de la praxis de los altos sacerdotes del judaísmo (religión que él y su familia profesaban) y un rebelde contra la dominación imperial, por lo que logró que muchos se identificaran con sus causas. Él no buscaba crear una nueva religión, sino depurar de desviaciones la religión de los hebreos, y expresar el descontento del pueblo judío por el yugo romano. En este segundo objetivo participó un factor de índole personal; Jesús de Nazareth era hijo de una jovencita judía que quedó embarazada de un centurión romano que la violó (abuso rutinario en territorios conquistados). José, probablemente viudo de una unión anterior, ya con cuatro hijos -Santiago, Juan, Salomé y Miriam-, carpintero de profesión, le propuso a la joven María una conveniente relación para ambos: él haría de padre putativo de la criatura en gestación, ella le ayudaría en la crianza de los 4 hijos que él traía, quinteto al que se sumaron Simón y Judas, hijos biológicos de María y José. Siendo una familia numerosa y humilde, lo más probable es que Jesús conociera la verdad, a sus 4 hermanastros les constaba que María ya estaba embarazada cuando se unió a José, y  no podían ocultarlo a Simón y Judas, de manera que la canallada en su origen, comprensible e inevitablemente formó parte de los elementos que constituían su discurso de rebeldía ante las autoridades eclesiásticas (hasta hace poco la sociedad despreciaba a los hijos “naturales”) e imperiales (una violación deja una profunda impronta, en la víctima y sus allegados).

De manera que Jesús Cristo ocupó un lugar destacado en el acontecer de aquella porción del imperio romano, como en sus respectivas circunstancias se ganaron un espacio en la Historia Sócrates, Platón, Bruno, Galileo, Colón, Cromwell, Newton, Kepler, Da Vinci, Lincoln, Napoleón, Bolívar, Einstein, con la diferencia de que a ninguno de estos famosos lo elevaron a nivel de dios ni crearon una religión en torno a ellos (salvo Martín Lutero, también irreverente, provocó un cisma que generó el protestantismo, pero no lo convierten en dios, y en torno a Napoleón y Bolívar, la adulancia pretendió endiosarlos, sin lograrlo). Si hoy, con tecnología que permite registrar imágenes fijas y videos, transmitirlas a todo rincón del planeta en vivo y directo, y todavía se producen fakenews, adulteraciones de la realidad, hace dos mil años era común borrar lo inconveniente (substituir violación por preñez mediante espíritu santo, ocultar los hermanastros y hermanos, y que sobrevivió al martirio  de la cruz) y agregar a lo realmente acontecido, elementos, vivencias, cantidades, cualidades, que inflasen convenientemente una historia verídica hasta transformarla en leyenda, sazonada con fábulas, cuentos, caminar sobre el agua, multiplicar peces y panes, convertir el agua en vino, sanar enfermos, resucitar muertos -él mismo “al tercer día”-, toda falacia que sirviera a los fines de promover una narrativa que a su vez sostuviera una religión (todas se sostienen sobre narrativas previas, viejas y nuevas ficciones y falacias). 

En el año 313 DC el emperador Constantino, autorizó su libre culto, Edicto de Milán, lo que fortaleció a la religión cristiana (y la imposición de la división temporal basada en el presunto nacimiento de Cristo como pivote del antes y el después, aprovechando que del 17 al 24 de diciembre se celebraban las Saturnalias, por el Solsticio y las cosechas). No se realizaban Censos en diciembre, y no hubo en los días previos o posteriores al 24 un evento astronómico -Nova, Súper Nova, Cometa, asteroide- que fuese la “estrella” guía de los “reyes magos”, que a su vez habrían necesitado varias semanas para llegar desde Mesopotamia. Ya con casi tres siglos de trayectoria marginal, durante los cuales le inventaron los milagros, mitos y leyendas imprescindibles para transformar a Cristo en metahumano, “hijo de dios”, dejó de ser secta clandestina por su adopción como religión oficial del imperio romano (irónico, en torno al hijo de un violador romano): La cruz desplazó al pez como símbolo del cristianismo, el emperador Julián trató de revertir esa adopción, persiguió a los cristianos, pero el emperador Teodosio decretó el cristianismo como religión oficial en 380 DC, Edicto de Tsalónica. Era conveniente abandonar el politeísmo y asumir una religión monoteísta y “nueva” (la judía era vieja y demasiado asociada como opuesta al también viejo imperio, al que los nuevos emperadores querían remozar). 

Bajo cualquiera de las falacias que sostienen al Súperman religioso (llámese jehová, dios, alá), está la kriptonita de la lógica y los resultados científicos que derriban cualquier mito, mentira, fábula, ser imaginario, figuras de fantasía, profetas, vírgenes, ángeles, santos, querubines, cielo e infierno, diablos y arcángeles, términos que son útiles herramientas de sacerdotes, ayatolas, imanes, rabinos, pastores, para seguir manipulando y lucrándose con la ignorancia, el analfabetismo funcional  o la ingenuidad de los creyentes.

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     7 estrellas comparadas: Nuestro Sol es en esta imagen un punto casi imperceptible -en la punta de la flecha- lo que da una idea de lo poquito que somos a cualquier escala, la del sistema solar, la de la galaxía Vía Láctea (de cuyo centro estamos a 30.000 años luz de distancia), la del Universo infinito y en expansión desde hace 13.800 millones de años, con cientos de miles de galaxias, huecos negros, y astros errantes (cometas, asteroides). Da para meditar. 
Observen con detenimiento la imagen de 7 estrellas comparadas, y deduzcan por cuál razón el Universo infinito, en el que hay millones de estrellas grandes como Betelgeuse y Antares, va a reaccionar por lo que hagan los minúsculos habitantes humanos que existen hace menos de 7 millones de años y ocupan una porción de la delgada superficie rígida (corteza) de un planeta que cabe un millón de millones (un billón) de veces en esa diminuta estrella, el SOL (que es difícil de ver en la imagen) en torno a la cual gira como insignificante esferoide, de 4.500 millones de años de edad (frente a los 13.800 millones de años del Universo).
El rostro del actor de Hollywood Robert Powell con algunas variantes, ha sido el más usado para representar a Jesús Cristo en 2 y 3 dimensiones, aunque corresponda al de un WASP contemporáneo, (white anglo-saxon protestant / blanco anglosajón protestante), y no al de una persona de hace 20 siglos, que nació y vivió en el territorio donde hoy está Israel, que junto a su familia era érabe, hablaba arameo y profesaba la fe judía (el rostro de perfil y de frente ha sido elaborado respetando los rasgos de la gente de ese espacio y tiempo).

sábado, 28 de diciembre de 2019

Okey EEUU, Okey Testaferros, Okey Guaidó.


Okey EEUU, Okey Testaferros, Okey Guaidó.
Edgard J. González.-

1. Tengo entendido, por lo que leí hace muchos años, que la expresión Okey, escrita con una O y una K, deriva de la guerra civil en EEUU del siglo 19, cuando los estados del norte se enfrentaron a los del sur, esencialmente por abolir la esclavitud (que era factor esencial de la economía sureña), Por la costumbre de informar en cada campamento o cuartel general de tropas, del saldo mortal de cada día, colocaban a la vista de todos el número de bajas ocurridas, indicando por ejemplo 12 killed, 9 killed, 17 killed, término que en inglés significa “matados”, que por abreviar se limitó a la simple inicial K, de modo que los días en que no tenían “casualties” se indicaban con un cero y la K, 0K, de lo que deriva el OKEY usado en el mundo entero, substituyendo el cero por la letra O (si hubieran puesto “muertos” habría sido DEAD, y la expresión derivada sería OD). Ese “cero killed” abreviado como OK -okey- representaba una gran satisfacción para toda la tropa involucrada, pues no sufrieron muertes ese día, y terminada la cruel guerra, la expresión siguió utilizándose para referir situaciones, eventos, experiencias en que prevalecía la eficiencia, la alegría, la excelencia, el desarrollo y resultado positivos de lo realizado.

2. Circuló por las redes una información sobre el grave siniestro, la noche del jueves 19 de diciembre, de un avión Beechcraft 100 King Air, siglas YV1104, procedente del estado Bolívar, Guayana venezolana, cuyos 9 ocupantes habrían perecido, a poca distancia de un aeropuerto privado en el estado Miranda, vecino de la capital Caracas. Ese suceso, con sólo la cifra de víctimas, tiene dimensiones que en cualquier país del planeta lo llevarían a ocupar las primeras planas de los noticieros en TV, diarios impresos y digitales pero, por el contrario, sobre él se ha puesto un velo de misterio, que motiva al más indiferente a preguntarse las razones para que un hecho de esas características (y los detalles que asocian a dos de los fallecidos con importantes negocios de la administración pública nacional -Gerencia del Hotel Humboldt en lo alto del cerro del Ávila, y presunto turismo de cinco estrellas en el archipiélago de Los Roques- y condición de testaferros de personeros muy vinculados al régimen militarizado y usurpador que encabeza el cucuteño Maduro), haya sido puesto bajo la alfombra, buscando que pase desapercibido, o que no se indague más respecto de esos específicos ocupantes del avión siniestrado, ni las causas del siniestro, ni la presumible y valiosa carga que transportaba, considerando que provenía de un espacio donde se destruye a mansalva el entorno, se cometen brutales ecocidios, apoyados en la impunidad que le otorga a diversas bandas la potestad de actuar de manera irresponsable con el ambiente, a fin de producir la máxima cantidad de ORO, para el exclusivo beneficio de los más altos jerarcas -civiles y militares- del régimen que mantiene secuestrada a Venezuela, su institucionalidad, su democracia, e impide que la prosperidad alcance a la mayoría.

En este trágico suceso, cuyo saldo sería 9K, fallecieron el piloto Héctor Alemán CIV 7839087, Mariano Díaz CIV 9622824, Alejandro Suegart CIV 1247991, Marielbys Contreras CIV 2509068, Ana Fois CIV 20589607, Daisy Colina CIV 7495442, Rafael Araujo CIV 17928597,  Humberto Vivanco CIV 12699169, y un noveno pasajero, presuntamente Rafael Aristigueta, cuya cédula no aparece reseñada. Pero a Díaz y Suegart, además de conectarlos con los manejos del Hotel Humboldt y Los Roques, los vinculan en calidad de testaferros de Maikel Moreno, Raúl Gorrín, y los hijos de Diosdado Cabello. Moreno, Gorrín y Cabello están en la larga lista de sancionados por EEUU y la Unión Europea, por blanqueo de capitales de procedencia ilícita y delitos de Lesa Humanidad, de manera que al siniestro en sí, se suman nexos con actividades criminales, a pesar de lo cual la noticia mantiene un bajísimo perfil, y es obvio el interés de la Nomenklatura que usurpa el poder, de ocultar cuanto pueda e impedir que se investigue a fondo este caso, nada ordinario (además del problema extra para recuperar los dineros que están a nombre de los testaferros).

3. El 5 de enero del 2020 en el Poder Legislativo la AN, el único poder legítimo en territorio venezolano, debe decidirse si en la Presidencia de la Asamblea Nacional (y por ello mismo, en la Presidencia -Encargada- de la Nación) permanece Juan Gerardo Guaidó Márquez, reelecto, o escogen otro diputado para asumir los dos cargos. Contra Guaidó, tanto desde el diverso bando del oficialismo como desde el bando de la porción gelatinosa colaboracionista (Henry Falsón, Bertucci, Claudio Fermín, Enrique Ochoa Antich, Eduardo Fernández, Timoteo Zambrano, Gustavo Mujica), y los guerreros del teclado, los radicales que disparan desde la comodidad del anonimato, bizarro conjunto que funciona como mazo adicional para debilitar el esquema de la genuina oposición [Cese de la Usurpación, Elecciones transparentes, Gobierno de Transición], han implementado una permanente campaña de descrédito y agresiones, que incluye el  arbitrario encarcelamiento y forzados exilios de diputados y dirigentes comprometidos con ese esquema de tres fases, además de la descarada campaña por difamar a Guaidó, responsabilizándolo por los presuntos desvíos de dineros, procedentes de donaciones internacionales, destinados a ayudar a los migrantes venezolanos en la difícil diáspora a que los ha forzado la enorme crisis que azota al país, a su vez producto de la sistemática destrucción -por parte del castrochavismo desde febrero del 99- de la economía, la moneda, la institucionalidad, la convivencia, y la calidad de los servicios públicos. Sin mostrar pruebas que respalden esas acusaciones, mucho menos la improbable participación de Guaidó en el manejo directo de esas donaciones (funciones que no le corresponden a un Presidente Encargado), los rumores -tercamente repetidos- han sembrado dudas en una porción de la población, que interpretó erróneamente que este complicado conflicto se resolvería en pocas semanas (el inmediatismo es uno de los defectos más intensos del venezolano promedio) y se desesperó al ver transcurrir el año 2019 con el agente castrista Maduro todavía aferrado al poder, y aparentando tener fortaleza y apoyo popular, ambos reducidos a su mínimo histórico; Un conjunto de grupos armados (alta oficialidad de las FFAA comprometida en negocios turbios, narcotráfico, contrabando de gasolina, explotación sin Contraloría ni respeto ambiental del espacio que abarca el Arco Minero, blanqueo de capitales, etc, inconstitucionales milicias, colectivos de lumpen armado, facciones de las FARC, ELN, Hezbolá), y muchedumbres sometidas por las carencias más primitivas, a las que controlan distribuyéndoles las insuficientes limosnas del CLAP, y los “bonos de la patria”. Sumando los grupos armados y los desarrapados controlados con las migajas alimenticias, son una MINORÍA que no llega al 20% (lo que les ha obligado a cometer exagerado FRAUDE para “elegir” la ilegítima y totalmente roja azamvlea prostituyente en el 2017, y “reelegir” al cucuteño en mayo del 2018. Con esa realidad en contra jamás permitirán un proceso electivo libre, honesto, transparente, que incluya a los millones de venezolanos en el exterior).

Aplicando la mínima lógica, el escaso sentido común que le quede al individuo promedio, tan dado a la impulsividad, a dejarse influenciar por rumores e incongruencias, cualquiera puede inferir que si el régimen está esforzándose por evitar que Guaidó sea reelecto (y para ello han llegado al extremo de ofrecer alto$ soborno$ a algunos diputados, buscando evitar que tenga suficiente respaldo la opción de la valiosísima continuidad de la gestión actual, que convocó el respaldo de 60 países, con EEUU, Canadá, Japón, Australia, las 28 naciones de la poderosa Unión Europea), resulta obvio que las gestiones que hizo Guaidó durante el 2019 han sido fructíferas (dejando a un lado el inmediatismo), y que el régimen sabe que habrá más eficiencia y efectividad en una gestión que no se interrumpa ni genere cambios burocráticos, lo que garantiza el mantenimiento y la profundización de las sanciones internacionales contra los jerarcas de la usurpación (que deberían ir acompañadas por fuertes sanciones a Cuba, la casa matriz de la subversión neoestalinista, eliminar los privilegios que el celestino Obama le concedió a la dictadura de Raúl Pamela Castro, sin exigir medidas democratizantes, en beneficio de una salida al estancamiento, parasitismo y represión que rigen en la isla cárcel).

Maduro y sus cómplices están conscientes de que, si pudieran intoxicar la AN (a la que enviaron a su minoría de diputados rojos, aunque desde el 2016 le inventaron una condición de “desacato” surgida de las interminables arbitrariedades del tribunal supremo, presidido por un ex convicto, que interpreta las leyes siempre en beneficio del régimen, violando lo esencial de la administración de Justicia), aprobando la opción de no reelegir a Guaidó, eso sería contraproducente para la genuina Oposición. Equivaldría a comenzar de cero otra vez, perdiéndose la continuidad de muchos de los logros del primer año de Guaidó, y corriendo el riesgo de que -por politiquería tradicional- resulte electo alguien tan estéril y buchiplumoso como el Ramos Allup que desperdició el 2016 promoviéndose a sí mismo, sin dar pasos de avance reales y eficientes, como los que sin duda se dieron en este 2019. No habrían enviado a sus fichas de regreso a la “AN en desacato”, ni habrían ofrecido $oborno$, de no constarles que la reelección de Guaidó fortalece al proyecto opositor, y hará que la comunidad internacional aumente sus esfuerzos (y sanciones) contra el destructivo sucialismodelsiglo21, que no puede tener un final feliz, si recordamos los colapsos de sus predecesores, la URSS y sus satélites, 1989 a 1991. El saldo de trayectorias políticas malbaratadas es bajo, quizás 7K u 8K, la mayoría de los diputados opositores permanece fiel a los principios que nos comprometen a todos a rescatar el país. La continuidad opositora sentencia a muerte a la continuidad del flagelo comunistoide, corrupto y represivo que secuestró al país.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Gatos por liebres en el arte.


Gatos por liebres en el arte.
Edgard J. González.-

En ocasión de visitar la bucólica población de Cubiro, en una hermosa montaña a una hora de Barquisimeto, Venezuela, en caravana de tres vehículos porque teníamos parientes de Caracas de turistas por Guarolandia, estacionamos a un lado de la plaza, y de la mano con mi hija menor me dirigí a la entrada principal de la Iglesia. La niña, de seis años entonces, me frenó preguntándome “¿por qué vamos a entrar aquí si nosotros no creemos en eso? .Tuve que explicarle que los templos son valiosa expresión de Arquitectura e Ingeniería, y a menudo contienen obras de arte como pinturas, tallas en madera, esculturas, todo lo cual podemos apreciar y disfrutar sin que necesariamente seamos creyentes religiosos (y eso rige también para mezquitas y sinagogas, que he visitado en condición de curioso cultural). En otra oportunidad, circulando por las calles del Cementerio General del Sur en Caracas, para visitar la tumba de mi madre, vimos muchos mausoleos con grandes esculturas de mármol representando ángeles -por supuesto con alas-, y la misma hija, ajena al indoctrinamiento dogmático que desde tempranas edades les llena el cerebro con las figuras de seres imaginarios, diablos, querubines, vírgenes y santos (con frecuencia levitando), luego de haber visto varios de esos ángeles de mármol, expresó “¡ Ah buenas mariposotas hay aquí !”. 

Convencido de que forma parte de los deberes de todo progenitor, inculcar en sus hijos el gusto por las más sublimes expresiones del Arte, como también el disfrute de la lectura, algunos fines de semana cada tantos meses, llevaba a mis 4 hijos al Museo de Barquisimeto, donde -es la teoría esencial, y es lo que yo encontré en mis visitas a docenas de museos, en Venezuela y en el exterior- ofrecen al público una selección de obras de alta calidad, pinturas y esculturas que muestran las representaciones e interpretaciones de la realidad, que a través de los tiempos (desde los petroglifos y las figuras plasmadas en cavernas) nuestros ancestros y contemporáneos han realizado, lo que nos permite admirar sus destrezas y talentos con los pinceles, manos y cinceles, y conocer rasgos de cada época pasada, previas a la fotografía. Cada vez que -un sábado o un domingo- interrumpía su rutina de juegos ordenándoles bañarse y vestirse para ir al museo, obedecían con obvio disgusto por el cambio de actividad y la poco atractiva perspectiva de invertir tiempo de jugar, en recorrer salas con lienzos y esculturas.

En una deplorable visita, la sala más grande del museo estaba ocupada por una veintena de “obras” elaboradas uniendo partes de objetos rotos, ramas, rines o ruedas de bicicleta, trozos de tela, para conformar una especie de collages tridimensionales, con títulos deliberadamente ambiguos, “Universo acongojado”, “Recuerdo angustiante”, “Soledad repartida”, y todos indicaban ser “Propiedad del autor”. A la salida, había un libro grande con páginas en blanco, dando espacio para comentar acerca de la exposición. Grabados en mi memoria quedaron dos breves opiniones; 1. “Si juntar basura con basura es arte, todos somos artistas”. 2. “¿Cómo no van a ser todas propiedad del autor? Nadie va a comprar esas vainas”. Como guinda a la torta que sin intención puse, al obligar a mis hijos a tener aquella terrible experiencia, mi hija menor, la respondona con ingenio, que no pronunció palabra durante el recorrido por aquel absurdo, apenas salimos del Museo me dijo: “¡ Y tú nos trajiste a ver esa horripilantiquez! (creando una híbrida y muy apropiada palabra). 

Los tres párrafos anteriores son el prólogo a mi enfoque de la decadencia que gradualmente ha estado invadiendo los predios de museos y galerías, sobre todo en países del tercer mundo, con obras que pretenden hacer pasar por Arte, sin llenar los requisitos mínimos de calidad en los resultados, que a su vez reflejan el escaso o insuficiente talento de sus autores. La absoluta mayoría de las obras de los museos más prestigiosos del mundo, como El Louvre en París, El MOMA en NY, El Prado en Madrid, el del Vaticano, El Hermitage en San Petersburgo, el enorme grupo de museos y galerías de Washington DC, demuestran calidad suficiente como para ser exhibidas en esos centros que coleccionan y comparten con el inmenso público visitante el mejor Arte, y por ello mantienen su potente atractivo para quienes disfrutan de las más exquisitas pinturas, esculturas, fotografías, reliquias, tesoros arqueológicos, artesanías, instrumentos, herramientas, armas, carruajes antiguos y vehículos modernos, etc. Pero, gradualmente han venido incorporando objetos, cuyos autores se autodenominan artistas, sin serlo, y el contrabando ingresa a museos y galerías con el celestino aval de ciertos curadores que se suscriben a la demagógica corriente de lo políticamente correcto, en la cual se afirma que todo es normal y meritorio, la fealdad y la impostura no existen, la calidad es inherente a cualquier cosa que emane de la voluntad de una persona, "siempre que sea hecha con buena intención". El dañino igualitarismo infecta el mundo del arte, y se equiparan un Rembrandt, un Velásquez, un Da Vinci, un Buonarroti, un Michelena, Un Cabré, un Villalón, con cualquier garabato elaborado por un patán sin talento pero con sobradas agallas y padrinos progre que apoyan esos despropósitos, tan perjudiciales para la formación cultural de las nuevas generaciones, que deben soportar la invasión de esperpentos pictóricos, esculturales, “artísticos” en general, a cuenta del nuevo enfoque holístico y demagógico que sostiene que no hay diferencias entre “La piedad”, “La victoria de Samotracia”, “La Monalisa, y cualquier morisqueta perpetrada en dos o tres dimensiones por un hombre común poseído por el afán creativo y un ego tan grande como su ignorancia respecto de lo que el Arte es y debe ser

Mientras sociedades privilegiadas pueden admirar obras de Renoir, Degas, Van Gogh, Dalí, Antonio Guzmán, Catalano, Mueck, Di Módica, Hanks, Caravaggio, Berlini, Sorolla, los pueblos del tercer mundo, sometidos por oclocracias que, por supuesto, siguen las tendencias de la corrección política, deben conformarse con los lienzos, los mármoles, metales, arcillas, maltratadas por gente sin talento artístico pero súbditos incondicionales de los regímenes que los califican como artistas y destinan espacios en sus museos y galerías para que exhiban sus agresiones a la belleza, a la armonía, a la precisa combinación de colores y pinceladas, a la perfecta reproducción de los rasgos en la exigente transformación de la arcilla, de la piedra y la madera nobles, de los metales, como si no fuesen insultantes, tanto a los genuinos artistas como a las audiencias que buscan y merecen encontrar Arte puro, no demagogia populista, correcta política y nauseabundamente. Consideran “expresiones artísticas populares” a los narco-corridos, igualados a las sinfonías de Mozart, Chopin, Tchaikowsky o Bethoven, o las ya clásicas melodías de jazz, bolero, danzón, rumba, guaracha, baladas. El regatón más chabacano, con sus vulgares coreografías, a nivel de lo más sublime de compositores y bailarines consagrados, Rafael Hernández, Bernstein, Manzanero, Aldemaro Romero, Agustín Lara, Perales, Chelique Sarabia, Carrillo, Simón Díaz, Herrero/Armenteros, Ariel Ramírez. Empatados Eiffel y Farruco, garabato en pleno centro de Caracas. Tutankamón y Chávez de tú a tú en sus respectivos sarcófagos, museos y trayectorias.

Andrés Boulton, genuino y muy calificado crítico, denunció en los años 80 a un argentino que plagiaba a un famoso artista venezolano, y el cínico sureño negó que fuesen plagios, pues “apartando los obvios parecidos, él había elaborado cada una de sus obras”. En 2006 vi, en una galería del CC Sambil de Caracas, una obra correspondiente a los paquetes que en ese momento pintaba José Antonio Dávila, pero la firmaba un italiano que plagiaba a pedido de la galería. Al fotografiar a un joven que copiaba con absoluto descaro uno de los famosos caballos de Bernardo Nieves, tuvo el tupé de decirme que estaba prohibido tomarle fotos, como si fuese lícito el plagio que él estaba cometiendo. En Europa autorizan a los artistas que quieren copiar a los clásicos, pero cada copia debe señalar su condición de tal. En la Feria de Miami “Art Basel”, este mes, el presunto artista Maurizio Cattelan presentó una banana pegada a la pared con duct-tape, y la noticia indica que fue adquirida por 120.000 dólares (aunque un “performer” luego tomó el cambur, lo peló y se lo comió, en una actuación que compite en chabacanería con la perpetración primigenia). Ese mismo Cattelan, payaso del arte, había exhibido un inodoro chapado en oro en el palacio Bleinheim del Reino Unido. Y en la Tate Modern exhibieron una  canoa, en la que una salchicha entraba y salía.

En algunos casos, además del talento se reconoce la creatividad cuando el genuino artista, que ha demostrado dominio sobre su oficio, cualquiera de las expresiones del arte (o la literatura), produce una obra vanguardista que se diferencia de todo lo anterior y propone un nuevo campo. Picasso y Dalí dieron sobradas muestras de su genio pictórico en la dimensión tradicional, antes de producir las obras por las cuales se convirtieron en pioneros (del cubismo, del surrealismo), y sus méritos residen en haber sido los primeros en pintar de esas maneras. El mayor mérito de Cristóbal Colón no derivó de sus dotes como piloto naviero, ni siquiera en haber sumado un nuevo continente al mapamundi (murió sin saberlo, pensó que había llegado a la India, en nueva ruta al lejano oriente, de allí que llamaran indios a los aborígenes de estas tierras). Su mayor mérito radicó en haber rechazado la convicción mayoritaria de que la Tierra era plana, y que navegando hacia el oeste inevitablemente los barcos y sus tripulaciones caerían por el borde de esa Tierra plana, en torno a la cual giraban el sol, la luna y las estrellas del firmamento. Es probable que antes de Colón, otros navegantes (vikingos por ejemplo) hayan alcanzado las costas de Norteamérica, pero como no dejaron registro formal de esos eventos, correspondió a Colón la gloria histórica. Hacer esa travesía hoy es rutina, y nadie que vaya de un extremo a otro del océano Atlántico o del Pacífico, se vanagloria por haber hecho una proeza única y pionera, que es el caso de charlatanes como Cattelan y sus cómplices en la estafa pseudo artística de Miami, que ignoran u omiten mencionar que el mérito primigenio de convertir objetos comunes y corrientes en caprichosas obras de arte, corresponde a los pioneros. Como Marcel Duchamp, quien formó parte de la vanguardia que produjo trascendentales cambios en la forma de hacer e interpretar el arte. Duchamp en 1913 exhibió una “Rueda de bicicleta sobre un taburete”, iniciando una corriente de Vanguardia, en 1917 presenta su “Fuente” (un Urinal acostado). Lo que entonces era absolutamente original y buscaba generar cambios en las perspectivas del público, era indudablemente meritorio. Pretender pasar por vanguardista más de un siglo después, caso de Cattelan y otros bribones, es algo patético con hedor a estafa dirigida a absolutos ignorantes o nuevos ricos, incapaces de distinguir entre talento y basura.

Por cierto que nuestro insigne Simón Rodríguez, Maestro que marcó su impronta en su pupilo y tocayo Simón Bolívar, Libertador de cuatro  naciones, también fue un atrevido vanguardista en la tercera década del siglo 19. De visita en Bolivia, nación creada por Bolívar y Sucre a partir del territorio del Alto Perú, como huésped de honor del presidente Sucre, organizó una reunión para altos dignatarios y funcionarios, en la que sirvió las bebidas en vacinillas (nuevas por supuesto), lo cual provocó una pésima reacción de los invitados, incapaces de interpretar la intención iconoclasta de esa puesta en escena Robinsoniana. El poeta García Lorca puso su grano de arena en esa corriente vanguardista, nos dejó la expresión “la flor en el culo del muerto”, que evidentemente no refleja ninguna porción del ritual en torno a los fallecidos, a quienes la tradición, durante el velorio y el entierro, jamás ha incluido colocar una flor cerca de esa porción del cuerpo. Era parte de su contribución a la obvia irreverencia que caracterizaba al vanguardismo de sus compañeros artistas, y no tendría hoy mérito alguno que un poetastro, pretendiendo dárselas de vanguardista, incorporase a uno de sus versos una línea como “El tulipán entre las nalgas del occiso”, o “La orquídea en el pene del difunto”.  Plagio Mondo y lirondo. 

Hasta el siglo 19 hubo un monopolio del tema religioso, que prevalecía en pinturas, tallas y esculturas. Fue difícil y gradual la aceptación de otros temas, lo “clásico” imperaba, rechazando lo que no fuese de elaboración e imagen ortodoxa. Las corrientes modernistas que proponían nuevos enfoques eran repudiadas (se dice que, en vida, Van Gogh sólo vendió un cuadro), pero paulatinamente las nuevas tendencias encontraron sus espacios y su público. Desde los años 80 del siglo 20 las grandes empresas dedican parte de sus capitales al patrocinio de las artes, museos y galerías se benefician de esos importantes aportes que, en los casos de petroleras, tabacaleras, farmacéuticas, buscaban mejorar sus imágenes, ocultando lo contaminante y lo poco ético, tras la fachada de mecenas de exposiciones de  artistas plásticos o escritores. En este siglo 21 aparece “lo políticamente correcto” que con su demagogia sostiene que nada es feo y todo es meritorio, tras lo cual todo tipo de engañifas es posible en torno al arte y la dimensión que conjuga la estética, el talento y la creatividad, dando lugar a los contrabandos de basura etiquetada como arte. Su más vergonzosa expresión ocurrió hace pocos años, cuando premiaron en una Bienal de Venecia la vulgar invasión en Caracas de un moderno rascacielos terminado en un 80%, por un centenar de marginales que ranchificaron la estructura, afeando el entorno, anulando las inversiones y aumentando la inseguridad del sector. Premiar como “muestra de creatividad artística popular” una expresión de barbarie, sólo aplaudida por los energúmenos del régimen militar, represivo y corrupto,  que auspició esa salvajada, evidencia el grado de degeneración de una porción del esquema encargado de seleccionar, organizar y ofrecer una parte de las obras que deben representar al arte contemporáneo.  

Esta descarada tendencia de ciertas galerías y museos, de presentar contrabandos, basura carente de talento, originalidad, calidad, termina pareciéndose a esas Catas a ciegas, en las que los expertos eligen como el mejor vino, al más barato y desconocido de la muestra seleccionada. Lo que Natura non da, Salamanca non lo presta, aunque algunos galeristas y curadores se presten para redondear la estafa de equiparar la infinita calidad y hermosura del legado artístico acumulado durante milenios, con la fealdad y absoluta falta de talento de “obras” deleznables, perpetradas con la terrible y descarada intención de integrarlas al muy valioso bagaje que heredamos de la élite de genios que produjeron obras de arte que no admiten dudas sobre su calidad y trascendencia. Ya basta de burlarse del arte y del buen público, con las excrecencias de mediocres sin talento artístico ni escrúpulos, ocupando los espacios de museos y galerías donde esas “horripilantiqueces” ni siquiera engañan a una niña de seis años con mínimas nociones de belleza.



banana con tape,
horripilantiquez de Cattelan. 




viernes, 29 de noviembre de 2019

Frontera tricofóbica, avión de lona.


Frontera tricofóbica, avión de lona.
Edgard J. González.

En abril de 1970 viajé con una pareja casada, heterosexuales, en una camioneta Land Rover que había adquirido usada en una subasta de vehículos militares, al norte de Inglaterra, por supuesto con el volante a la derecha, pues los del Reino Unido y la Commonwealth conducen por el canal izquierdo. Ya habíamos hecho algo de turismo interno en Inglaterra y Gales, pero esta vez el tour nos llevaría a atravesar el canal de Dóver a Calais en Hovercraft, una nave inmensa que traslada vehículos en el primer nivel, y pasajeros en butacas en el segundo nivel, haciendo el mismo trayecto que los ferries pero sobre un colchón de aire (tiene poderosas hélices debajo, que la hacen levitar a pocos centímetros del piso de concreto por donde ingresan directamente a sus entrañas los vehículos y pasajeros, y del agua que separa a la isla británica del continente firme con el cual conforma Europa. Otras hélices, sobre cubierta, soplan hacia atrás, impulsando la nave hacia delante. La travesía, que en ferry duraba dos horas y media, en esta maravilla, el Hovercraft, podía reducirse a 45 minutos, con la ventaja de que no ocurre el bamboleo de arriba abajo, que para quienes somos propensos al mareo, puede ser molesto.



Recorrimos Francia de Noroeste a Sureste, visitamos París que bien vale mucho más que una misa, ingresamos a España por San Sebastián, fuimos a Pamplona, Madrid, Toledo, giramos a Portugal, nos deleitamos con Coimbra, Lisboa, Faro, y reingresamos por el sur hacia Andalucía y sus maravillas, Sevilla, Granada, Córdova, Málaga. Allí nos embarcamos en un ferry hacia Ceuta que, con Melilla, son territorios de ultramar de España, colindantes con Marruecos, al extremo NW de África. La aduana en la frontera marroquí estaba en una pequeña oficina a la izquierda de la angosta carretera de dos canales, bajo un enorme techo de unos 12 x 12 metros. Estacioné a la derecha de la vía, y los tres veíamos con asombro que el piso bajo aquel alto techo, además de estar sombreado, estaba cubierto de mechones de pelo de gran variedad de color y textura, como el piso de una barbería tradicional en horas de mucha actividad. Mis dos acompañantes le dieron sus pasaportes al funcionario, a través de una pequeña ventana, y este procedió a sellarles la entrada sin mediar palabra. Pero cuando yo me coloqué frente a la ventanilla y le entregué mi pasaporte, el tinterillo con muy malas pulgas me lo devolvió diciéndome en mal tono que yo no podía entrar a su país porque tenía mi cabello demasiado largo. Al protestar por lo que supuse era una arbitrariedad del empleado, me dijo que era una orden del rey de Marruecos, Hassán II. Entonces comprendimos la razón de aquellas docenas de mechones de pelo cubriendo todo el piso en el área destinada al trámite aduanero.

Imaginen ustedes, en el año final de la década de los 60, con los Beatles causando furor en Europa, América y buena parte del resto del mundo, su música, su vestimenta y sus peinados marcaban la pauta para los varones que cayeron hechizados bajo su potente influencia cultural, y un monarca absolutamente anodino y retrechero, impone la prohibición de ingreso a SU reino, para quienes no lleven su cabello corto, lo que involucra a la mayor parte de los jóvenes que en ese entonces hacían turismo por el planeta.

Ante la disyuntiva de tener que devolverme, perder el viaje en ferry y la oportunidad de conocer Marruecos, opté por pedirle a mi amigo (cuyo corte era casi militar) que de manera disimulada se agachara en el piso peludo y recogiera mechones de pelo parecido al mío (negro y lacio entonces, hoy con nieves perpetuas), y a ella que hiciera con sus tijeras (toda mujer lleva en su cartera 128 artículos, incluyendo 23 totalmente inútiles) como si estuviera cortándome el sobrante que rechazaba el estúpido y anacrónico monarca, mientras yo embutía mis cabellos bajo la gorra. Luego de la ruidosa parodia, con sonidos y ademanes tijeriles muy obvios para el obediente súbdito en la nómina aduanera, y un montón de pelo negro en mi mano, fui hasta la taquilla y le lancé al abusivo empleado el pasaporte y el pelero. Él reaccionó disgustado llamándome “irrespetuoso”,a lo cual yo respondí: “Irrepetuoso es su rey, que impone esta caprichosa medida a quienes vienen en plan turista. Y no me haga perder más tiempo, que ya perdí demasiado pelo con este ridículo trámite”. Aparentemente eliminado el motivo para negarme el ingreso, aquel empleadillo tuvo que sellarme el pasaporte, y pudimos conocer Rabat, Tetuán, Casablanca, Tánger, Fez, sus callejuelas y bazares, siempre manteniendo mi cabellera oculta bajo la gorra, evadiendo un segundo desagradable encuentro con algún funcionario ansioso de cometer un mini atropello para complacer al caprichoso en el trono y, quizás, ganarse alguna felicitación por mantener en alto cánones obsoletos, reñidos con los avances de la civilización y las directrices de Los Beatles (que a pocos días de llegar a Londres, en septiembre del 68, me recibieron con su lanzamiento del video en el que ofrecían su “Get back” desde una terraza en un 4º piso, mientras los peatones en la avenida se paraban y volteaban hacia aquel espacio del cual emanaba esa deliciosa canción. Habría sido interesante que visitaran Marruecos en esa época, a ver si en el aeropuerto se hubieran atrevido a exigirles que mutilaran sus cabelleras, para complacer a Hassán, o serían deportados de inmediato).




Los ingleses en formalidad están en las antípodas de nosotros, que podemos conversar con cualquiera y en cualquier parte, como si nos conociéramos de años. Si no ha ocurrido la formal presentación, difícilmente un inglés conversará con un extraño, y eso abarca los espacios comunes que comparten los miembros de un College, que es el multiespacio que ofrece   residencia, capilla, comedor, Junior common room, canchas de juego, áreas verdes, en el cual convergen estudiantes de pregrado y postgrado (Research) de todas las especialidades, cuyo común denominador es ese Colegio al que pertenecen y con el cual deben identificarse en términos sociales, deportivos, culturales, académicos, etc. El príncipe Carlos (luego casado con Diana por arreglo morganático y convivencia catastrófica) fue asignado al King´sCollege en 1969, al Enmanuelle College iban los hijos de la “nobleza”. A mí me asignaron al Saint John´sCollege, que tenía un edificio llamado el “new building” porque era dos siglos más joven que el resto de las viejas edificaciones.  Pero habiendo sufrido durante 7 semanas los rigores del frío propio del invierno boreal en enero y febrero del 69, desesperado exigí que me ubicaran en una residencia con mejor calefacción, y tuve la suerte de que estaban desocupando un apartamentito del Cripps Building, por el que yo babeaba a diario, pues había ganado el primer premio de Arquitectura el año anterior, y sus instalaciones eran modernas, con calefacción suficiente como para suspender el curso intensivo de pingüino que yo estaba realizando, contra mi voluntad y mi naturaleza tropical, en mi primera residencia, fuera del campus.

A quienes han visto alguna de las películas de “Harry Potter” les aclaro que esa arquitectura no es exclusiva de Hogwarts, pues la absoluta mayoría de los comedores y capillas de las antiguas universidades de Inglaterra son de ese estilo, de piedra labrada con extrema sobriedad. La toga es de obligatorio uso para la cena, y se diferencian en el largo de las mangas, cortas para los alumnos de pregrado (cuyas mesas están en el centro), a media distancia entre codo y muñeca para los de postgrado (con mesas al lado izquierdo de la nave), y tapando parte de la mano para los profesores, que se sientan al fondo, donde está el altar en las iglesias).

Si mal no recuerdo, sería en mayo de 1970, cuando uno de los research students con quienes había compartido muchas cenas, se levantó y, con cierta solemnidad, porque formalmente no había sido “introduced” a todos los allí presentes (yo no lo conocía), nos preguntó; “¿Alguno de ustedes querría volar conmigo una hora por dos libras y media de costo? (a Bs 10,80 que se cotizaba la libra esterlina entonces, eran 27 bolívares, una ganga por una hora de diversión y turismo aéreo). Al unísono levantamos las manos Bernard (inglés, amigo mío) y yo. El joven que había hecho la propuesta simplemente nos dijo: “Nos vemos mañana a las 9 am en la puerta principal del College”. Y aquel sábado, muy puntuales, estábamos Bernard y yo esperando al piloto que nos había obligado a morder su anzuelo con sólo mencionar que volaríamos. La aventura comenzó casi de inmediato, pues resulta que Bernard y nuestro Saint Exuperi local eran motociclistas, y compitieron en velocidad en el trayecto al aeropuerto, conmigo,  aferrado a Bernard, de chivo expiatorio de aquel exceso en dos ruedas,, que felizmente no tuvo incidente que lamentar.

En el pequeño y sencillo aeropuerto de Cambridge, llegamos a un galpón mediano, y nuestro piloto preguntó quién iría en la primera hora de vuelo. Lógicamente señalé a Bernard y recibió un raído traje de una pieza que cubría las cuatro extremidades y el tórax, que se usaba sobre la ropa que uno llevaba. Nuestro anfitrión de aventura aérea se fue por unos minutos, al cabo de los cuales apareció con un avión biplano forrado en lona obscura, con hélice en la proa  y dos compartimientos, no techados, con nuestro piloto en el asiento trasero, y al delantero fue a dar el pionero Bernard. Aquella obvia reliquia de los años 30 se alejó muy lentamente, y luego los vi despegar, tan despacio se elevaban que parecía una proyección en cámara lenta. Al cabo de lo que debe haber sido un lapso correspondiente a una hora, reapareció el biplano frente al hangar donde yo esperaba. Bernard, con la hélice girando, se bajó y se quitó el overall, entregándomelo, y haciendo señas de que me apurara. Mientras me vestía de copiloto de la entreguerra, le pregunté tímidamente cómo había sido el vuelo, y Bernard, con picardía, se limitó a mostrarme sus dos puños con el pulgar hacia arriba.

Ocupé mi puesto entre la hélice y el piloto, observé que también tenía volante, palancas y una manguera negra corrugada, que mediante señas a un espejo retrovisor a mi izquierda, el piloto me indicaba que me la pusiera al oído. Era nuestro equipo de comunicación, un extremo en mi  oreja y el otro extremo en la boca del capitán, y cumplía su propósito a pesar del ruido del motor a poca distancia frente a mí. Maniobró hasta la cabecera de la pista, y suavemente nos deslizamos por ella hasta que aquel armatoste pareció comenzar a flotar, tan lenta era nuestra elevación que casi daba la impresión de que estábamos en un globo de aire caliente. Cuando aquel avión estuvo a unos trescientos metros de altura respecto del aeropuerto y la cercana ciudad de Cambridge, seguimos desplazándonos en leve diagonal de subida, y el espectáculo que ofrecían todas las porciones que yo reconocía de la ciudad universitaria, era tan maravilloso, y aquella especie de suspensión imperceptible desde la cual disfrutaba de la mejor pantalla de cine que jamás hubiera conocido, que, lo juro por mi madre, durante esos diez minutos que nos tomó alejarnos de áreas pobladas, pensé que yo repetiría aquella vivencia cada sábado, por extremadamente placentera y barata. El avión ascendió a unos 800 metros y entonces vi que el piloto, con la manguera en la boca, me hacía señas para que pusiera mi extremo en la oreja, y me hizo la pregunta de las 64.000 lochas: “¿Are you ready?”. Confundido, sin entender  por qué me preguntaba si estaba listo, cuando ya llevábamos más de diez minutos volando, no tuve otra opción más que mostrarle mi puño con el pulgar hacia arriba. De inmediato el avión se dirigió en perfecta vertical hacia tierra, para girar 180 grados en sentido contrario y subir a toda velocidad, conmigo convertido en alguien congelado por la sorpresa y el miedo. Arriba, el angelito con quien pensaba compartir cada sábado -antes de que la situación diera ese vuelco inesperado-, se dedicó a hacer maniobras de giro en vuelo horizontal, loops y giros laterales, por unos 15 minutos, durante los cuales yo sufrí mi vía crucis personal, intentando no tocar ninguno de los controles correspondientes al asiento delantero, no fuese a empeorar involuntariamente aquel caos, mientras vomitaba hasta residuos de comidas de hacía semanas, que mis ahorrativos intestinos seguramente guardaban para una ocasión como esta.

Nuevamente el piloto en el retrovisor, con aquel revoloteo mi pierna izquierda se había enredado con la bendita manguera corrugada y la saqué de su ubicación regular, quedando Saint Exuperí 2 y yo a merced de las señas en el retrovisor. Agradecí la utilidad de aquel overall que recibió buena parte de mis restos digestivos, salvando a mi ropa y evitándome la humillación de regresar al College embadurnado y oloroso, no precisamente a Chanel Nº 5. Opté por darle al retrovisor nuevamente un “thumbs up”, ya que suponía que no me quedaba nada que expulsar de mi cuerpo, el mareo ya me ocupaba al 100%, y no era apropiado interrumpir su diversión al Ingeniero estudiante de postgrado   que apenas olvidó mencionar que en sus fines de semana se dedicaba a su afición por las acrobacias aéreas, y como le cobraban 5 libras por el alquiler del avión durante una hora, averiguó que podía incorporar a otro en el asiento delantero, pues alquilaba todo el avión, y con ese acompañante él podía volar dos horas con las 5 libras que pagaba antes, para volar una hora, solo. Bernard luego me confesó que por nada me hubiera informado sobre las maromas aeronáuticas, a él le fascinaba el efecto que esas locas volteretas provocarían en mí, y eso era un plus en aquella experiencia. ¡ El mareo me duró tres días !. Aquel frenesí acrobático fue mi debut y despedida.