miércoles, 11 de octubre de 2017

Bachelet, apretada agenda estalinista.

Bachelet, apretada agenda estalinista.

Publicado originalmente el 4 agosto, 2013
“Si existe un sector reaccionario en América Latina, es el de los intelectuales de izquierda. Esta gente no tiene memoria. No he escuchado a ninguno de ellos admitir que se equivocó. El marxismo se ha convertido en un vicio intelectual, es la superstición del siglo”Octavio Paz.
Paz, tuvo una genialidad innegable, y a pesar de su apretada agenda como Intelectual, escritor, poeta y diplomático, y méritos suficientes para que le fuera otorgado el Nobel de Literatura en 1990, halló el tiempo y la valentía necesarios para ser solidario en la España de 1937 con la causa republicana, repudiar en 1951 los atropellos a los disidentes en la URSS, denunciar los campos de concentración y los crímenes de Stalin. En 1968 renuncia nada menos que a la Embajada a su cargo, en protesta por la masacre de Tlatelolco, y contra el gobierno de Díaz Ordaz, en México, país al que hasta entonces representó en la India. De forma resumida e inteligente se refirió al más grave de los lastres que caracterizan a la ultra izquierda tradicional en el planeta, ese vicio que le impide reconocer las contradicciones y perversidades que, en nombre de la Igualdad y la Justicia, han venido sistemáticamente cometiendo desde 1917. También Mario Vargas Llosa, otro extraordinario escritor y ensayista, de prestigio mundial, ha denunciado a esa izquierda extremista con la cual simpatizó en los inicios de la revolución cubana, hasta que ese experimento sucumbió al cáncer, que luego hizo lenta metástasis en la URSS y sus satélites, y en su apretada agenda encuentra tiempo para escribir esclarecedores artículos, reiterar sus denuncias sobre los crímenes que se siguen cometiendo en nombre de la Utopía igualitarista, y dedica valiosas horas a acompañar a Yoani Sánchez, la valiente cubana que lucha, viviendo en Cuba y sufriendo los rigores del decadente y anacrónico régimen castrista, patético ejemplo de cómo estancar todo un país, inundándolo de consignas y ejecutorias que se muerden la cola.
Hemos mencionado a dos de los grandes intelectuales latinoamericanos, pero es menester aclarar que los intelectuales no tienen el monopolio de la cualidad de pensar, aprender y actuar en consecuencia, con verticalidad y coherencia. Cuando un político alcanza el grado de sapiencia y humildad que le permiten elevarse sobre su ambición muy personal y ejercer cualquier cargo en función de todos los ciudadanos del país, sin distinciones partidistas ni resentimientos o prejuicios sociales e ideológicos, se convierte en Estadista. Son los casos de Ghandi y Mandela, cada uno en su dimensión y momento. Enfrentaron sólidos y potentes esquemas de dominación, con su ingrediente de racismo en lo esencial de sus respectivas praxis en India y Suráfrica respectivamente, y sin embargo se propusieron y lograron superar las diferencias sin incurrir en la tradicional violencia, buscando integrar en lugar de separar y oponer los bandos aparentemente irreconciliables. India se independizó de Inglaterra y Suráfrica dejó atrás el vergonzoso Apartheid, sin que ocurrieran las absurdas guerras que muchos aún consideran el factor imprescindible para que la Historia avance. La discriminación y la cárcel que ambos líderes sufrieron en carne propia, no los llevaron a la venganza, y por el contrario, se esforzaron en alcanzar por la vía pacífica y civilizada, los cambios socio-políticos y económicos que sus naciones necesitaban. En sus apretadas agendas encontraron tiempo para debatir con sus iguales y con los contrarios. Gracias a esa flexibilidad, en sus países ya no es el problema primordial el color de la piel, y todos se pueden concentrar en la resolución de los grandes problemas que los aquejan.




El Muro de Berlín




El sistema capitalista se fue construyendo gradualmente desde el final de la edad media, substituyendo al esquema feudal, pero dos eventos le dieron sus impulsos definitivos; La incorporación del continente americano al viejo y reducido concepto de mundo plano que entonces prevalecía en la Humanidad, con los aportes en riquezas provenientes de las colonias, para fortalecer los viejos imperios, y la Revolución Industrial, que sumó a los crecientes capitales, la fuerza de las máquinas, para multiplicar la producción, aumentar la variedad, y estimular la urbanización, que agrupa la mayor porción de la población planetaria desde el siglo 20. El capitalismo surgió y creció sin límites ni competencia, hasta que en teoría se le opuso el socialismo, que tuvo su primera y real expresión en 1917, desplazado el régimen zarista por los soviets, que conformaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en torno a la cual se cifraron expectativas que iban en dirección opuesta a la praxis perversa y criminal diseñada por Lenín y luego intensificada por su sucesor Stalin. Terminada la 2ª guerra “mundial” los vencedores se reparten Europa y comienzan a competir por ampliar sus espacios de influencia en el resto del globo. Ocurre la llamada Guerra Fría, del 45 al 91, con los grandes bloques occidental y oriental constantemente enfrentados y en peligrosa tensión. Krushev como primer secretario del Partido Comunista de la URSS, en febrero de 1956 denunció los crímenes de Stalin (aunque fue su cómplice por muchos años), sin embargo el sistema, represivo en lo socio-político e ineficaz en lo económico, se mantuvo casi sin cambios hasta que se produjo su propio colapso, del 89 (tumban el Muro en Berlín), al 91 (se desploma la URSS), y la mayoría de los países bajo su control adoptan la Democracia y el Capitalismo, con lo que termina definitivamente la guerra fría.
Pero parte de la izquierda tradicional durante ese largo período del 45 al 91 siguió aferrada a los viejos mitos y rechaza reconocer las fallas y los crímenes ocurridos. Para esa izquierda fósil, momificada, nada significaron las denuncias de los Gulags, las invasiones armadas a Alemania oriental en el 53, Hungría en el 56, y Checoeslovaquia en el 68, la construcción de un Muro para encerrar a la ciudadanía de la porción comunista de Berlín, los contrastes entre occidente y oriente en materia de Libertad y Prosperidad, la Perestroika y el Glassnot liderados por Gorvachov, la construcción del oprobioso Muro y su caída en el 89, la implosión de la ya decrépita URSS, como tampoco vieron el genocidio de Pol Pot en Cambodia, los excesos de Ceaucescu en Rumania y de Honecker en la RDA, y luego de 22 años del derrumbe estrepitoso de la potencia roja, persisten en no ver la actual represión y el fracaso en Corea del norte y Cuba. Son los fósiles que añoran el tiempo de la guerra fría y repiten las consignas y propuestas que produjeron la cadena de colapsos del imperio soviético y su derivación en la China maoísta y totalitaria.
En 1970 triunfan las izquierdas chilenas unidas y es electo a la presidencia Salvador Allende quien, en mi apreciación, se desvió de su trayectoria y estilo, mal influenciado por la extrema izquierda, a cuya perniciosa radicalización contribuyó la prolongada y abusiva visita de Fidel Castro a Chile en 1971, determinando la creciente agresividad y amenazas contra todos los que no fuesen incondicionales del proceso, cada vez más comprometido hacia la colectivización, que tanto daño causó en la URSS y en la China maoísta. Allende dejó de ser el político equilibrado, con un proyecto de Socialismo Democrático que hubiera podido desarrollar respetando el marco legal en que había sido elegido, sin violar los derechos de sus adversarios políticos. Se convirtió en el activista que buscaba complacer a la ultra, minoritaria, pero escandalosa y efectiva en su organización de masas en la calle y en su disciplinado seguimiento a las directrices que llegaban de La Habana. Los crecientes excesos que ocurrían en el campo y las ciudades, el gradual desabastecimiento ocasionado por los ataques a las empresas productivas, y las constantes amenazas que anunciaban la profundización de medidas agresivas que no perjudicaban solamente a los “dueños de medios de producción” y transnacionales, sino también a la clase media y parte de las clases bajas, que sufrían por el desempleo y las carestías causadas por las pésimas medidas del insaciable oficialismo, le ofrecieron la situación en bandeja de plata a los militares, sector conservador casi prusiano, que puso en marcha el sangriento golpe militar del martes 11 de septiembre del 73.

La represión, injusta y criminal en alto grado (perseguía extirpar a través del terrorismo de Estado cualquier asomo de respuesta que los pudiera desalojar del poder, que fue mantenido los primeros años con puño de hierro), contaba con el respaldo de EEUU, entonces con Nixon en la presidencia, los republicanos al mando y Kissinger de Secretario de Estado, en una reacción propia de la guerra fría, ante la evidente conexión con Cuba, satélite dependiente económica e ideológicamente de la URSS, ”el enemigo primordial”. Ese Cisne Gris (no fue tan inesperado como un Cisne Negro), incluso los izquierdistas lo vieron venir, pero optaron por seguir tercamente la ruta errónea de la violencia y con ella -a mayor escala- se toparon, en lugar de corregir los excesos y distanciarse de los que rinden culto a esa necia frase: “la violencia es la partera de la Historia”, que por ironía les trajo a Pinochet, con su secuela de asesinados y desaparecidos, que también ocurrió en Brasil, Argentina y Uruguay, casi en paralelo.
Entre los torturados y asesinados por los militares estuvo el padre de Michele Bachelet, ella y su madre fueron detenidas y lograron salir al exilio. Bachelet residió varios años en la porción de Alemania controlada por la URSS y regentada por uno de sus peores sátrapas, Erick Hónecker. Irónicamente, pasó de perseguida de una dictadura militar de extrema derecha, a protegida de una dictadura militar de extrema izquierda. Conoció las aberraciones y los crímenes cometidos por el ejército y la tenebrosa Stassi, el clima de permanente terror y espionaje contra la población de la RDA, la contradictoria existencia del único Muro erigido para impedir que los ciudadanos salieran del territorio amurallado. El resto de los muros en el planeta ha sido construido para impedir el ingreso ilegal, en Berlín mantenía encerrados a todos los alemanes, a quienes les tocó en mala suerte residir en el espacio que pasó a estar bajo el férreo control de los soviéticos. Y la Stassi, policía política, se dedicaba a espiar y reprimir a la población de la RDA, reducir sus movimientos y sus pensamientos, si se desviaban de lo autorizado. Pero Bachelet, simultáneamente, repudiaba los crímenes de Pinochet, y respaldaba los de Hónecker y el resto de marionetas que en la URSS y sus satélites, mantenían sometidos a los pueblos bajo el yugo del inviable colectivismo.
Con Bachelet y Lula sucede un fenómeno de esquizofrenia política, de presidentes han sido modernos y tolerantes dentro de sus propios países, pero fuera de ellos son adictos a las ultranzas y anacronismos del Foro de Sao Paulo, mantienen intacto el culto al fidelismo, y son capaces de incurrir en complicidades con delitos y contradicciones que no aceptan dentro de las jurisdicciones donde les correspondió actuar como gerentes. Han sido socios de la empresa privada, y respetuosos de la Libertad de Expresión, en Chile y Brasil, pero apoyan el acoso a las iniciativas particulares, la destrucción de la Economía, y la más vulgar de las censuras y persecuciones a la libre expresión, doquiera que camaradas de viejo cuño las practican, en aras de sus anacrónicas y fallidas revoluciones, de Cuba a Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.
Gustaf Harald Edelstam fue un diplomático sueco cuya agenda debió estar repleta de actividades propias de su oficio, y sin embargo encontró el tiempo suficiente para ayudar a víctimas del totalitarismo nazi, en la Noruega colaboracionista de los 40, y también salvó a muchos perseguidos de la dictadura militar chilena en 1973, hasta que “el clavel negro”, como le llamaban por sus humanitarias acciones, fue declarado “persona non grata” por el régimen de Pinochet. Patricio Aylwin, el primer presidente de la transición chilena, con más de 94 años a cuestas, encontró tiempo para reunirse y conversar con Henrique Capriles Radonsky [líder de la Unidad opositora venezolana, quien denunció la ejecución de un FRAUDE para robarle la presidencia del país], por los mismos días en que Michele Bachelet no halló en su muy apretada agenda siquiera unos minutos para escuchar a quien debería estar ocupando la presidencia de Venezuela, de no haber ocurrido las ilegalidades mediante las cuales, el régimen chavista, franquicia del castrista, usurpó de forma ilegítima la primera magistratura. No es casual la obsecuencia de Bachelet para con cualquier rémora del estalinismo, en su visita a Cuba se negó sistemáticamente a reunirse con la oposición a la dictadura estalinista que somete a la isla desde 1959. Ni ella ni Lula han tenido un mínimo gesto de humanidad para con las víctimas de la permanente represión a la disidencia, jamás una crítica a un esquema que evidencia su fracaso y su obsolescencia. De manera cínica respaldan en la mayor de las Antillas, lo que con su doble moral cuestionaron cuando las injusticias y persecuciones ocurrían en Chile y Brasil. Ambos están en las antípodas del bien recordado y admirado “Clavel negro”, valiente y sin medias tintas.
Raro que ningún periodista les señalara la contradicción de oponerse a la dictadura pinochetista, respaldando las dictaduras comunistas, en especial al comparar los crímenes y los logros de ambos esquemas. Menos perseguidos tuvo la dictadura en Chile, pero los militares dejaron la Economía saneada y Chile se codea hoy con los países más desarrollados, económica y socialmente. En cambio la RDA reprimía de manera constante a casi toda su población, no hay argumentos que justifiquen la profunda aberración de encerrar a sus propios ciudadanos tras el vergonzoso Muro, y en contraste con la otra mitad, la porción colectivizada estaba reprimida e insatisfecha. La Cuba bajo el yugo castro-estalinista ha sido una isla prisión por casi 55 años, estancada en los años 60 del siglo 20, estructura esclerotizada y parasitaria que depende de la ayuda de otros para medio sobrevivir. La URSS, Venezuela con el celestino CAP y luego con el agente cubano Chávez (ahora su carnal Maduro, formado en La Habana), las inversiones españolas en Turismo, los envíos de dinero de la diáspora cubana, y las fórmulas endógenas del siseo y la Jinetería, no han bastado para impedir el deterioro que obligó a la substitución de la Nomenklatura fidelista por la raulista, el pragmatismo de la gradual introducción del Capitalismo salvaje y los acercamientos a EEUU, vecino cercano y poderoso, más conveniente salvavidas que Rusia y China, lejanas en Geografía tradicional y en Geopolítica actual, sin guerra fría y con sociedades mixtas, maquiladoras y otros contubernios, mucho más productivos que un lagarto perezoso e improductivo, sentado sobre un misil de millones de cabezas a punto de estallar, hastiadas de la mala utopía, y de la gerontocracia que los ha humillado por décadas.
Los chilenos deben sopesar si se arriesgan a entregar su futuro a quien está hipotecada con un pasado tenebroso, ese atavismo ideológico que la ha llevado, fuera de Chile, a respaldar las ignominias que el sistema estalinista perpetró en medio planeta, y continúa cometiendo en la Cuba castrista, donde ella y Lula se convierten en inocentes y dóciles pioneritos, dan rienda suelta a su otra personalidad. Si el Muro, la implosión de la URSS, el vuelco de China al Capitalismo, nada significan para esos dos, tampoco las cárceles y balsas en que se distribuyen los que no aceptan el pensamiento único, harán que modifiquen su alienación, pudiendo responder a ella en una segunda ocasión en la presidencia, pues el proyecto castrista es persistente e irracional. Con Bachelet y Lula se juega a la ruleta, y en cualquier momento la bola cae en la opción extremista, violenta, populista y destructiva, si deducimos de sus obvias complicidades con los excesos nada socialistas ni democráticos, que ellos aplauden en los países más influenciados por los dogmas castro-estalinistas. Preferible la opción del “piano piano, va lontano” con la que a Chile le ha ido mucho mejor que a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

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